Justificación
A pesar de las políticas públicas instrumentadas por las naciones de nuestro planeta para reducir la violencia y mejorar la convivencia ciudadana, en aras de garantizar a los seres humanos el derecho fundamental a la seguridad, nos encontramos en pleno siglo XXI con la preocupante realidad de que se ha enraizado en nuestras sociedades el paradigma de una cultura de la violencia donde existe una clara disposición por resolver destructivamente los conflictos. En este contexto resulta urgente que Estado y Sociedad establezcan pactos en los que, de manera efectiva, se generen las condiciones para transitar de una cultura de la violencia a una cultura de la paz y de la concordia.

Un primer paso es lograr que anide en la mente de cada ciudadano la necesidad de respetar la dignidad de nuestros semejantes y, en consecuencia, convertir los derechos humanos en el faro que ilumine las relaciones interpersonales y grupales.

Políticas públicas orientadas al objetivo antes mencionado, involucran no sólo a las instituciones del Estado, sino especialmente a aquellas que son responsables de la socialización primaria, secundaria y terciaria de cada ser humano, es decir, la familia, la escuela y la comunidad.

Como sabemos, una persona, una familia o cualquier espacio o institución pública, privada o social, es violenta o pacífica dependiendo de cómo se relacionan quienes interactúan en estos sistemas, luego entonces, el cambio positivo en las relaciones es esencial para construir una cultura de la paz y de concordia.

La facilitación del diálogo ⎯y nos referimos a diálogos apreciativos, restaurativos y asociativos así como a la mediación⎯, en particular los modelos asociativo y transformativo, han demostrado que constituyen una eficaz estrategia para que, cuando se suscita un conflicto, sea a través de una interacción empática, asertiva y compasiva como éstos se resuelvan, con lo cual se contribuye a producir las condiciones para que cada persona pueda evolucionar hacia un desarrollo humano pleno y para que todos aprendamos a vivir juntos, ya que sólo así se puede dar factibilidad a las anheladas aspiraciones de alcanzar la justicia social y el bien común.

Siendo la justicia el epicentro de todos los valores, la facilitación del diálogo y la mediación instrumentadas desde el sistema de justicia, permiten su democratización y consecuentemente el acceso de todo ciudadano a este inalienable derecho.

Los congresos nacionales y mundiales a los que hasta ahora se ha convocado, constituyen un espacio natural para reflexionar y hacer propuestas, para generalizar en todos los rincones del planeta, la práctica cotidiana de los diálogos y de la mediación, en aras de hacer realidad sociedades sanas y seguras en las que sea práctica de la vida cotidiana la convivencia armónica.
NOTICIAS
"Nuestra agenda estará integrada por un excelente programa de conferencias y talleres que será dictado por expertos mediadores, que contribuirán con ello a enriquecer nuestros conocimientos en la materia...